Originariamente, el porró catalán de Poblet ha sido la fuente de inspiración de poetas y literarios como Picasso o Miró por sus características excepcionales. Su influencia ha sido tan acaparadora que, el escritor Josep M. Rovira Valls ha presentado el libro “El porró: de Poblet a Nueva York” donde dibuja la evolución del porró catalán, desde sus orígenes hasta la actualidad.
La obra del escritor catalán hace un homenaje a este elemento tan apreciado y permite profundizar en uno de los objetos típicos de la cultura catalana que más hemos visto reinterpretarse y reinventarse.

El libro lleva como subtítulo “El largo viaje del objeto catalán más universal”. Y este viaje se concentra en explicar la aparición del porró en museos de todo el mundo, pasando por el Corning Museum of Glass, cerca de Nueva Yor,k hasta hacer un recorrido de todo el proceso de creación alrededor del territorio catalán.

Para adentrarse en el origen del porró, hay que remontarnos al siglo XIV donde encontraremos el primer porró de la historia (la imagen que encontramos a continuación) y que dio lugar a muchas dudas sobre si realmente era un porró o una aceitera. A partir de este origen, el autor del libro ha ido investigando para poder explicar realmente la evolución de este objeto. Uno de los descubrimientos más importantes es que el porró no se encuentra exclusivamente en Cataluña, sino que hay múltiples en todo el mundo, pero lo que sí que podemos asegurar es que el origen es catalán.

En cuanto a la producción, Rovira explica que el centro más importante donde había los hornos de creación estaba a Mataró y, a partir de este centro, se distribuía por toda Cataluña, donde más tarde también se instalaron otras fábricas en el territorio, como Mallorca.

Os dejamos con una cita (Joan Amades, 1938) interesante que destaca las características más importantes del porró catalán:
“De la vasta serie de enseres que constituyen la cultura material catalana, sin duda que es el porrón el más bonito y el más gallardo de todos. Sus líneas, sobrias y a la vez gentiles, le dan una elegancia selecta y un corte sutil y delicado que lo hacen a la vegada arrogante y humilde y le dan un sentido estético y una plasticidad que lo elevan a verdadero objeto de arte. La belleza del porrón, como la de la aceitera, nos pasa inadvertida de tanto que los conocemos …”

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