Notice: wpdb::prepare se llamó incorrectamente. La consulta no contiene el número correcto de marcadores (2) para el número de argumentos aprobados (3). Por favor, visita Depuración en WordPress para más información. (Este mensaje se añadió en la versión 4.8.3.) in /usr/home/hostatgeriadepoblet.cat/web/wp-includes/functions.php on line 4139 La tabernera humillada - Hostatgeria de Poblet | L'allotjament al monestir de Poblet

En tiempos del abaciado del quinto abad de Poblet, D. Hugo, había un fraile llamado Pedro monje que tenía un gran don para convencer incrédulos y afianzar la fe de los ya creyentes en las misiones que emprendía el monasterio gracias a su dialéctica . Todo ello en un ambiente de respeto y simpatía hacia las grandes verdades del cristianismo.

Cuando se enteró el abad del condado de Pallars, en los confines de Lleida y Huesca donde existían grandes focos de de incrédulos y mahometanos, no dudó en encargar la tarea a Pedro el monje. Este adoptó como centro de sus predicaciones la aldea de Queixigar, actual Quixigar, cercano al monasterio de Labaix. Pronto la predicación comenzó a dar sus frutos. Sin embargo, un día el monje tuvo la idea de entrar en una taberna para apartar del vicio de beber a los clientes habituales. Para no levantar sospechas pidió al tabernero que le sirviera como el resto una jarra de vino.

En el momento en que el vino tocó los labios del fraile, este se dio cuenta del engaño al que estaban expuestos totos los clientes. En aquella bebida había mucha más agua que vino. El cenobita dejó el vino y aprovechó para aleccionar sobre el pecado del engaño que estaba cometiendo la tabernera que venía vino adulterado a precio de vino bueno. Al terminar, algunos parroquianos salió del local con actitud religiosa, como si rezaran y a partir de entonces se convirtieron habituales en las misas.

En cuanto a la tabernera, el monje no se rindió en su misión de conversión y al cabo de unos días volvió a entrar en su negocio. Le pidió que le sirviera una jarra de vino pero que no lo hiciera en uno de los recipientes con los que lo hacía habitualmente. La tabernera, a modo de excusa le dijo que no tenía ninguna más a mano. Él entonces pidió que la bebida se le vertiera encima del escapulario. Cuando el vino comenzó a manar, el suelo se llenó de agua y sólo quedó una pequeña cantidad de vino en el escapulario debido a su peso mayor. La tabernera, avergonzada al ver que había quedado al descubierto su engaño, imploró perdón y prometió que a partir de ese momento no cometería el pecar de estafar a los concurrentes.

El padre monje consiguió tanta estima el municipio que al morir recibió sepultura en el término de la localidad con un busto adyacente a la tumba a la cual los creyentes se acercaban a rezar y dar gracias al salir del oficio con fervor. Más tarde se colocó una imagen de Santa Lucía, santa predilecta del monje, Esta imagen permaneció mucho tiempo al lado de Pedro el monje aunque desapareció en un lugar desconocido.

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